Hay muchos momentos peligrosos en el año. Son aquellos en los que nos sumimos en una oscura espiral de reflexión con una visión sesgada y caprichosa de la memoria. Como en un cuento de Dickens, nuestros fantasmas del pasado, presente y futuro ponen en entredicho nuestro gozo y esfuerzo: si deberíamos dejar de intentar aquello que alguna vez nos llenó, si el dinero, el tiempo y la compañía han de reubicarse.
Es agridulce compartir gustos pero dejar de coincidir en espacio y tiempo. Veo mucha gente en “el invierno del rolero”, conocido en general como “la travesía del desierto”. Es triste y natural que nuestros caminos se separen. En ocasiones alguna de esas personas regresa para un mero “cameo” y volvemos a reír casi sin parar. Casi…

