Acabo de darme cuenta de que mi presupuesto anual para cómics en los últimos años ha sido de cero euros por año. Ciertamente, si la industria del cómic hubiese dependido de mí hace tiempo que hubiese quebrado. Por contra, quiero creer que he contribuido con un granito (o grano) de arena a la industria de los juegos de rol.
Y no es porque no me gusten los cómics, sino que en comparación con los juegos de rol los veo caros. Y claro, el presupuesto es limitado. Supongo que me he quedado en la etapa en que los cómics costaban 175 o 200 pesetas. Y claro, cuando hoy en una librería me encuentro un tapa dura a 30 euros... como que lo comparo con un juego de rol, echo cuentas de las horas de diversión que me va a dar cada uno y ahí, claro, pierde el cómic.
Pero si lo pensamos en frío, no creo que realmente nos estén metiendo la bacalá con el precio. En la actualidad, es una realidad que en los juegos de rol las ilustraciones es de lo que más cuesta a la editorial. Parece lógico entonces que un cómic, que tiene muchas más imágenes que un JDR, tenga el precio que tiene.
Bueno, por el título de la entrada ya sabéis qué cómic ha sido el responsable de romper con esta sequía. Lo más curioso es que no iba con la idea de comprar un cómic, sino un juego de rol. Sucedió hace una semana.