En los noventa, El Señor de los Anillos entusiasmó a no pocos adolescentes, hasta tal punto que son muchos los que recuerdan cómo conocieron la novela. Yo he escuchado bonitas historias de hermanos mayores que le prestaron el libro al hermano menor cuando creían que "ya estaba preparado". En otros casos, fue un padre o una madre la que le recomendó a su hijo la lectura. Mi historia de cómo conocí la obra de Tolkien no es tan bonita, aunque sí un poco curiosa.
Corría el año 1993 y, entre mi círculo de amigos, nadie leía con regularidad, y menos literatura fantástica. De esta forma, no hubo nadie que me recomendase su lectura. De hecho, no supe de su existencia y de lo importante que era entre ciertos círculos hasta finales de año, cuando me compré el número 1 de una nueva revista llamada Todo Pantallas.
Yo todavía no conocía los juegos de rol, pero esta revista incluía, entre otros muchos contenidos de lo más variado, una sección sobre juegos de rol. Y fue precisamente ahí donde escuché (o leí, mejor dicho) por primera vez algo sobre esa novela llamada El Señor de los Anillos:
"Acabó el verano, ha empezado el curso y, ¿todavía no te has leído El Señor de los Anillos? Eres un patán y no sabes lo que te pierdes: no vuelvas a leer esta Sección".
Como os podéis imaginar, aunque el comentario fue breve, me dejó de lo más intrigado. ¿Tan bueno era ese libro del que nunca había escuchado nada hasta ahora?
Avancemos un poco más. En junio de 1994 accedo por fin ya a los juegos de rol (primero Aquelarre y, poco después, La llamada de Cthulhu). Por suerte, la librería que los vendía también traía revistas especializadas. Así es como empiezo a leer Dragón, Líder y Dosdediez. Sin embargo, será con la famosa Guía del Juego de Rol (1992) de Ediciones Zinco cuando encuentre otra referencia que me llamó la atención nuevamente.
El artículo en cuestión lo firmaba Miguel Aceytuno, a quien ya conocía de distintas aventuras de Aquelarre, y trataba de las relaciones entre literatura y juegos de rol ("Literatura y Rol: causa y efecto"). La referencia que nos interesa decía así:
"Tomemos, por ejemplo, la fantasía medieval. Sin lugar a dudas, su obra cumbre es El Señor de los Anillos, de J. R. R. Tolkien. No voy a insultar a mis estimados lectores suponiendo que alguno aún no ha leído lo que, en mi modesta opinión, es una de las mejores series de la literatura contemporánea. Las aventuras de Bilbo y Frodo Baggins, dos insignificantes hobbits, sencillos como tú y yo, y con los que te identificas a los quince segundos, debieran ser de lectura obligada hasta para conseguir el carnet de conducir".
Como os podéis imaginar, este comentario y el otro me convencieron definitivamente de que estaba ante un libro que debía leer sí o sí.
Y así es como cuando encontré La Comunidad del Anillo, en esa edición de bolsillo de Minotauro que aún conservo, me lo compré sin dudarlo.
Evidentemente, le guardo mucho cariño a estas revistas 😍
¿Y vosotros? ¿Recordáis cómo conocisteis El Señor de los Anillos?


Yo soy un señor mayor y lo conocí sobre el 82, viendo la película de Bakshi en el cine (gracias a una entrada gratuita que recibí al abrir mi primera cartilla de ahorros, la "Topelibreta")
ResponderEliminarYo soy otro señor tan mayor como tú... Vi las fotos de la filmación, en el Castillo de la Mota, de la peli de Bakshi en una revista. Entonces me compré las novelas con mis ahorros y las devoré una tras otra en 5 días (era verano) para acabar la tercera me hice el enfermo.... Luego llegó la peli.... 😁
EliminarHola. La mía es la historia de chico de 11 años en una ciudad de provincias de la España de 1992.
ResponderEliminarMis hermanos y yo jugábamos muchísimo al juego de mesa HeroQuest que los Reyes Magos habían traído a casa esas navidades. La idea de desarrollar personajes explorando mazmorras y luchando contra orcos (mal traducidos como orcs) me fascinó.
Esa primavera mi hermano mayor y sus amigos empezaron con los juegos de rol, pero sin mucho entusiasmo. Así fue como acabó en mis manos el libro rojo de Joc de El señor de los Anillos. Esa copia, que nunca devolví al amigo de mi hermano (delito prescrito), y la portada de la comunidad de Angus McBride me dejaron completamente enamorado. En el verano me adentré en la biblioteca de mi madre y... bingo! La primera edición en tapa dura de minotauro. Esos tres volúmenes nunca se han marchado de mi mesita de noche. Desde entonces, y si las matemáticas no me fallan, van casi 33 relecturas. No creo que tenga cura, no me importa.