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viernes, 15 de marzo de 2024

Maníacos del Calabozo

 Uno de mis primeros contactos con los juegos de rol fue con la mítica sección Maníacos del Calabozo de la revista Micromanía (que cerró hace poco: lo triste es que muchos ni siquiera sabíamos que aún seguía ahí fuera).

(Esta imagen la pusieron en un Maníacos del Calabozo porque tenía un dragón: lástima que el Black Lamp fuera un juego de plataformas como el Mario Bros)


Primero, un poco de contexto: 1989 en el Alto Aragón (¿conocéis Night City? ¿Coruscant? ¿Necromunda? Ni parecido), yo tenía diez años e iba a sexto de EGB. Tenía el poder adquisitivo justo para comprarme un par de revistas (muy releídas: a día de hoy puedo citarlas como episodios de los Simpson) y darme dos o tres caprichos al año de mil o dos mil "pelas". Y mi acceso al mundo más allá de mi pequeña ciudad era por una televisión de dos canales (tres, en realidad, porque se pillaba la TV3 catalana y aunque no entendía nada, daban más dibujos). 


Las tiendas especializadas brillaban por su ausencia en mi ciudad y, como mucho, podías encontrar algún juego raro (que jamás te comprabas por eso, por raro) ocasionalmente en una librería. Los juegos de mesa eran de tirar 1d6 y mover esas casillas o los de hexágonos que le gustaban a tu hermano mayor. 

Un día, en la Micromanía apareció esta pequeña sección, los Maníacos del Calabozo, donde un tal Ferhergón (tardaría mucho en descubrir que era una abreviación de Fernando Herrera González) hablaba de unos "juegos de rol de ordenador" a los que llamaba RPGs (años más tarde escribió un tipo para decir que el término correcto debería ser "JdR").



(Este era un RPG bastante popular porque [INSERTE SU PROPIO CHISTE DE TETAS])

El hecho de que fueran "de ordenador" implicaba que existían versiones "de mesa" y sobre éstas sólo tenía historias muy vagas de los amigos de los hermanos mayores de amigos míos que hacían cosas muy raras: sonaban como libro-juegos pero que en lugar de opciones podías hacer "cualquier cosa". Mi imaginación convertía esos juegos en monstruosos libros con millones de páginas para cubrir todas las posibilidades. 
En suma, no tenía ni repajolera idea de lo que hablaba pero sonaba de maravilla. 

Previamente, el jovenzuelo que posteriormente sería Ferhergón había escrito un par de artículos en la Micromanía hablando de este tipo de juegos. Leídos hoy en día suenan muy inocentones pero hay que entenderlos en su contexto: el género prácticamente no existía en España y la mayoría de lectores no entendíamos ni jota. El segundo de los artículos decía que, si había suficiente respuesta de los lectores, habría más artículos en el futuro o incluso "una sección dedicada a ellos". Palabras proféticas, ¿eh?

(Heroes of the Lance: yo me leí el juego de rol de Star Wars antes de ver las películas, el de Cthulhu antes de leer a Lovecraft y cuando descubrí los libros de la Dragonlance pensaba que algún frikazo se había puesto a escribir sobre el videojuego en unos tiempos en que eso no se le ocurriría a nadie)

Los principios de los Maníacos fueron duros como el que predica en el desierto: aparte de explicar las características de estos juegos (extenso mapeado, historia que se va desarrollando, progresión de personajes...), las profesiones básicas (flipé mucho porque de pronto se podía clasificar a los héroes de fantasía), los juegos favoritos de Ferhergón (el Bard's Tale 2) y los dos o tres juegos disponibles en España en el momento (el Bloodwych, el Heroes of the Lance, el Elvira y poco más), inicialmente había muy poco correo de los lectores para justificar la existencia de la sección.  
Muchas de las primeras cartas eran para preguntar por juegos en español (ninguno en aquella época), para preguntar si tal o cual juego era un RPG (ninguno lo era) y movidas que no tenían nada que ver. 

(El Bard's Tale 2, juego favorito de Ferhergón. Durante muchos años, esta imagen fue mi definición de Paladín y de Guerrero gracias a Ferhergón. Probé el Bard's Tale 2 hace poco y mola pero, mierda, ojalá pudiera echarle tardes con un amigo al lado planeando estrategias)

Lo de la definición de RPG de ordenador es algo interesante que da para debate ya que en aquellos tiempos los diferentes géneros de videojuegos no se solapaban demasiado. Mapas extensos e historias que se desarrollaban a medida que jugabas te los podías encontrar en muchos juegos que tenían poco que ver con los rpgs (The Secret of the Monkey Island, por ejemplo). El desarrollo de personajes era más raro de ver y resultaba un rasgo más exclusivo. El gañanismo de la época pronto condujo a asociar fantasía con rol y muchos juegos fueron calificados de rol sin serlo.

(El Dragon's Breath, anunciado en la Micromania como "juego de rol" porque, en fin, hay un dragón en la portada. Comentado ampliamente aquí aquí. A este le di mucha caña pero era un juego de estrategia y gestión. Tengo en desarrollo un pequeño reglamento de esos que hago yo para jugarlo en mesa.) 

La sección ganó popularidad poco a poco hasta ser de página completa. Hubo unos cuantos especiales a doble página donde se destripaban diversos juegos (cuánto le debo a ese especial del Bloodwych). Por aquella época, mi primo me enseñó el Señor de los Anillos de Joc y por fin entendí lo que era un juego de rol (y no iba muy desencaminado: aquellos reglamentos para un chaval de mi edad eran infernales). A medida que avanzaban los 90, llegaron más y más juegos, muchos en castellano. 


A medida que se masificaba era más y más difícil estar al día, por no decir imposible (recuerdo leer a Ferhergón contestando a alguno que no sabía la respuesta a una duda sobre tal o cual juego, lo que es normal pero para un chaval que tiene a "los de la revista" como seres omnipotentes en materia de juegos relacionados descubrir que tus héroes eran humanos después de todo suponía casi un trauma y, en suma, crecer). 


(El Bloodwych estaba hasta para Spectrum y permitía jugar a dobles. Hoy en día eso no impresiona a nadie pero en los putos ochenta te cagabas encima por cosas así) 

Maníacos del Calabozo duró más que mi pasión por la Micromanía. Los ordenadores habían crecido más rápidamente que yo, que seguía con mi viejo Amiga 500 contra viento y marea, no quise cambiarlo después de tantos años riéndome de los 2.8.6 con sus cuatro colores y sus discos de cinco y cuarto y me quedé obsoleto en cuestiones informáticas (que para mí significaba "juegos de ordenador"). Está aquí el germen de mi fobia tecnológica que incluso hoy día sigue afectándome.

("Yo soy así y así seguiré, nunca cambiaréeeee" y, ahora que lo pienso, un aire a Elvira tiene...)

En cualquier caso, la última Micromanía que me compré fue la que tenía el Sam & Max en la portada, en un momento en que ya ningún juego podía servirme. Mi Amiga 500 aún tuvo unos años de vida pero, eventualmente, se echó a un lado. 

Maníacos del Calabozo perduró hasta que en la revista decidieron unificar todas las secciones (sus razones tendrían pero así, desde lejos, parece una idea peregrina de bombero borracho), las nuevas condiciones no satisfacieron a Ferhergón que en una sentida columna se despidió de sus leales. Tenéis una entrevista a este grande de España aquí

Id puros (y duchaos).

4 comentarios:

  1. Me ha encantado el artículo, yo llegué un poco más tarde a eso de los JdR, RPGs y tal, pero recuerdo ese princpio de los 90 cuando para jugar a rol (o al PC en casa de algún amigo que lo tuviera) mentía a mis padres diciéndoles que me iba a hacer el gamberro. JOC merece artículo ¿no?

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    1. Nosotros éramos más niños raros que nuestros padres habrían preferido que saliéramos a que nos diera el aire pero qué sabe nadie...

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  2. Las tetas de Elvira, el dragón de 3 cabezas de Dragon´s Breath (mucho Rasgon!). He de reconocer que la sección se me hacía pesadita a veces, pero sí... hay mucho oro ahí.
    Lo que más recuerdo era las aventuras gráficas comentadas ahí (el Quijote... la Aventura Original...). No te vas a animar un día a hablar de eso?

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  3. Y tenía más lectores aún, porque yo empecé a comprarla en sexto-séptimo de EGB y circulaba por toda la clase. Me encantaba esta sección, para mí también fue la introducción a los juegos de rol. Vamos, a saber de su existencia, porque con mi XT no podía jugar a prácticamente ningún juego. De hecho, a ninguno de los que salía en la revista, pero me encantaba leerla (y cuando me compraron el Pentium me desquité con un montón de ellos).

    Tendría que revisar números antiguos, pero creo que dejé de comprar la revista dos o tres números después de que se despidiera Ferhergón (qué listos nos creíamos cuando descubríamos su identidad jajajaja).

    Un abrazo. Patxi

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