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jueves, 1 de noviembre de 2018

Lo que nos queda del rol

Lo reconozco; tengo nostalgia de una época en la que el rol en general y una editorial en particular me hicieron muy feliz. Me ayudaron en la vida y me permitieron hacer algo con lo que no había ni llegado a soñar que haría. 


Supongo que tengo más nostalgia si cabe porque, a partir de un momento, el rol salió de mi vida, bueno, lo saqué yo y algunas circunstancias, y no fue hasta hace unos años que lo recuperé.


Aún conservaba algunos libros y decidí ir haciéndome con los que me hubiera gustado tener y jugar en aquella época.

Poco a poco los iba consiguiendo por diferentes medios, algunos precintados aun, otros simplemente en buen estado y los menos muy tocados por el uso y los años.

Al recibirlos casi podía volver a los noventa; a aquel club, preparando una partida, a punto de jugarla o disfrutándola ya.

Algunos libros me llegaban con anotaciones, subrayados, alguno incluso con nombre en la primera página, como si de un libro de texto se tratara.

Bien, el caso es que hace poco, alguien me dijo que tenía unos libros que un amigo suyo quería vender y me preguntó si me podían interesar.

Cuando me dijo los que eran, para mi sorpresa y alegría, vi que había algunos largamente buscados por mí y de los que, para ser sincero, no tenía muchas esperanzas de conseguir.

Me dijo que algunos estaban muy usados, desencuadernados, subrayados, escritos con bolígrafo y lápiz y que en muchas partes llevaban el sello en rojo del ojo sin párpado.

Estuvimos hablando de cuáles me interesarían más, de cuáles quisiera quedarse él mismo, me mandó fotos, acordamos finalmente cuáles serían los que querría quedarme y finalmente me hizo una oferta que me pareció razonable y que acepté.

Al recibir los libros, lo primero que pude comprobar es que, efectivamente, algunos estaban "muy jugados". Las tapas estaban muy machacadas por el uso y en el interior me encontré con todo lo que me había dicho.

Había anotaciones, marcas, subrayados, símbolos y ojos rojos, muchos ojos rojos. 


El sello estaba solo en tres de los libros, en los más tocados y los que más ganas tenía de conseguir. Su anterior propietario ponía el ojo junto a los títulos de aventuras y estas eran las que estaban subrayadas, marcadas y anotadas.

Claramente eran partidas que había dirigido y eran muchas; todas las de La Comarca, Gorgoroth y La búsqueda de la Palantir. Todas.

Se lo comenté al que me había vendido los libros, debía de ser alguien que había jugado mucho en los noventa. ¡Eran más de 40 partidas! ¡Algunas de ellas seguro que de bastantes sesiones!

Me interesaba mucho saber de quién eran aquellos libros, conocer a un jugador que había preparado tan a conciencia y arbitrado tantas y tan buenas partidas.

Me dijo que me tenía que decir algo acerca del origen de los libros; su propietario ya no estaba, se había ido. Su familia le había dado sus libros a un amigo suyo para que este hiciera con ellos lo que le pareciera y él había preferido no conservarlos por lo que este, a su vez, se los había confiado a mi conocido para que los vendiera.

Me quedé helado; aquel jugador ya no me contaría nada de aquellos libros y aventuras, no podría conocerlo y tenía en mis manos la prueba de sus decenas de partidas y de tantas y tantas horas de diversión de su vida.

Todo esto me lleva a pensar que eso es lo que hacemos; tratar de aprovechar nuestro tiempo, de darle valor jugando, disfrutando, imaginando, compartiéndolo con otros mientras podemos.

Y también atesoramos cosas, juegos, libros, manuales, suplementos, pero lo importante es lo que hacemos con ellos, lo que hemos hecho, lo que haremos: usarlos para disfrutar, para hacer que otros disfruten, para disfrutar juntos jugando a lo que nos hace felices; aprovechar nuestros momentos.

Los libros vendrán a nuestras manos y luego irán a otras pero las aventuras, las horas que los hayamos disfrutado, esas serán siempre nuestras y de aquellos con las que las hayamos compartido, irán con nosotros a donde vayamos.

Nunca las perderemos.

No sé quién fue aquel jugador, no sé si un día lo sabré y no sé siquiera si quiero saberlo; lo que sí tengo claro es que sus libros son los más valiosos que tengo, la prueba de que hubo alguien que quiso y supo disfrutar de algo tan valioso como jugar mucho a rol con unos cuantos amigos.


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Iván Rubio Piñeras

9 comentarios:

  1. Que bonito y que... no se, ¿nostálgico? Creo que es lo que siento al leerlo.

    Al final esto son cuatro días y hay que hacer buen uso de ellos (que no 'aprovecharlos', porque el tiempo no es una inversión, es un estado).

    Gran entrada.

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  2. La reflexión que acabas de hacer es la de una persona que ha asimilado el rol desde una perspectiva profunda. A veces simplemente meditando lo que hay frente a nosotros llegamos a adquirir conciencia. Es el significado del rol que más me apasiona, un verdadero rolero es capaz de aplicar diversas lecturas a una misma situación con mucha más facilidad que cualquier otra persona por su asimilación de las capas de la realidad y de algo que pocos juegos definen bien que es la trascendencia.

    Saludos y buenas partidas.

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  3. Esta reflexión que acabas de hacer es el resultado de asimilar el rol desde una perspectiva más profunda. A veces, simplemente observando lo que hay frente a nosotros adquirimos conciencia. Es la perspectiva que más me gusta del rol, los buenos roleros saben leer varias capas de la realidad en una misma situación, pocos juegos hay que te permitan acceder a la comprensión de la trascendencia, bajo mi punto de vista el rol bien asimilado es uno de ellos.

    Saludos y buenas partidas.

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  4. Fantástico artículo...como todos aquellos que nos hacen pensar en algo más. Enhorabuena.

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  5. Me dejó con una sensación de calidez muy agradable tu historia. Gracias.

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  6. Joder el reflejo de toda una generacion que tiene valores, mas allá de wimichu y las fotitos de postureo, ¡VIVAN LOS 90! ¡COÑO YA!

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  7. Me gusta la idea del artículo: nostalgia de unas partidas que no hemos jugado nunca. O cómo es posible imaginarse la experiencia rolera de otro máster o jugador a través de sus libros.

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  8. Yo tengo muchos de ellos y casi todos en pdf, son un tesoro y como Gollum disfruto al sentirlos y tocarlos, son mi tesoro.

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